viernes, 11 de septiembre de 2015

RV: Notable artículo de Ibsen Martínez en El País

 

 

 

 

                        FAVOR  DIFUNDIR  MASIVAMENTE !

 

Una crónica fluida, elegante y muy graciosa de Ibsen Martínez. Utiliza los mismos conceptos que utilizamos los petroleros pero con mayor capacidad didáctica hacia el gran público. Traduce lo de la enfermedad holandesa, la maldición del recurso, el estatismo desenfrenado, la capacidad infinita para despreciar nuestras oportunidades de salir de la pobreza con una claridad que hasta Dario Vivas e Iris Varela pudieran entender

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Gustavo

​ Coronel​

Cómo desaparecen los petroestados

El último único gran petrolero venezolano fue Hugo Chávez

IBSEN MARTÍNEZ 

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9 SEP 2015 

 

Hubo, en los años sesenta, una popular serie gringa de televisión, The Beverly Hillbillies (en España, creo, se conoció como Los nuevos ricos), que explotaba las excentricidades de una familia de simpáticos paletos de Kentucky bendecida por un reventón de petróleo en su patio trasero.

En los EE UU, en efecto, el subsuelo de tu terreno también es tuyo, de modo que si la Exxon-Mobil, por ejemplo, quiere sacarle provecho al crudo y al gas que pudiera haber bajo tu sótano, tiene primero que hacerte multimillonario. En Venezuela, en cambio, y gracias a leyes que famosamente heredamos del rey Felipe II, el único petrolero verdaderamente ricachón que, sentado sobre un vasto yacimiento de petróleo, fuma indolentemente su puro habano mientras cobra rentas, diezmos y regalías, ha sido el rey; esto es, el Estado.

En consecuencia, desde que nos decimos republicanos, el Estado venezolano es el dueño absoluto de la riqueza mineral, único accionista, desde 1976, de la petrolera estatal y, muy especialmente, el cancerbero de la caja de caudales. A diferencia de, digamos, Dakota del Norte, en los petroestados como Venezuela simplemente no hay sitio para simples particulares dedicados al negocio petrolero. Conviene añadir que, en mi país, como en otras comarcas de nuestra América, el Estado invariablemente se confunde con el gobierno de turno y que cada "turno" puede acogotarnos durante décadas.

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Así, pues, el último único gran petrolero venezolano, en el sentido Beverly Hillbilly del término, fue Hugo Chávez. De todos nuestros muy soberanos petromandatarios, fue Chávez quien gozó, sin contraloría alguna, del boom de precios más largo y jugoso registrado en el curso de un siglo petrolero que para Venezuela comenzó en 1913. Se calcula que, aun sin contar el crudo subsidiado a Cuba y los honorarios del profesor español Juan Carlos Monedero, la imaginativa munificencia del padre del "socialismo del siglo XXI" volatilizó, en menos de 15 años, bastante más de 900.000 millones de dólares.

Además de esas inconcebibles magnitudes del dispendio, se registra en mi país un fenómeno solo característico de los petroestados: una indecible incapacidad para sacar verdadero y perdurable provecho de los booms de precios, unida a la disposición a endeudarse hasta los epiplones en tiempos de vacas flacas.

Esta oscilación, verificable históricamente en petroestados tan dispares política y culturalmente como pueden serlo Nigeria, Indonesia, Irán o Venezuela, está estrechamente relacionada con la pregunta que se hacen mis sufridos compatriotas mientras se achicharran al sol de Caribe, haciendo fila para comprar su cuota de papel higiénico o de harina precocida de maíz: "¿por qué, si tenemos las reservas más grandes de crudo del planeta, vivimos como mendigos?". Circulan respuestas, cortas y largas, a este enigma.

Las respuestas largas se explican con complejos tecnicismos legales y categorías económicas, tales como "incentivos perversos", porque los gobiernos de los petroestados son maniacodepresivos.

Ocurre que, en tiempos de alza de precios (la fase maniaca), al petromandatario le da por hacer suyas competencias que, ordinariamente, funcionarían mejor en manos privadas, y por acometer también otros múltiples y hercúleos trabajos ("ahora sí alcanzaremos al primer mundo, ahora todo puede hacerse, ahora todo debe hacerse"), en lugar de gestionar eficientemente la lucha contra el crimen, fumigar los charcos que crían la chikunguya o recoger puntualmente la basura. Y tornarse ahorrativos, desde luego: guardar fondos para cuando bajen los precios, algo que jamás hemos hecho.

Chávez, puesto a soñar despierto, fue superlativamente maniaco: una vez imaginó un gasoducto transamazónico que jamás llegó a construirse pero que enriqueció indeciblemente a avispadísimos proyectistas brasileños, bolivianos, paraguayos y argentinos. El demencial proyecto que, de haberse realizado, habría afectado irreversiblemente el sistema climático de la Amazonía, llegó a conocerse burlonamente como el "gasoducto Fitzcarraldo". La hubris autodrestructiva de Chávez lo llevó a expropiar inconducentemente el aparato agroalimentario privado y a desmantelar la empresa familiar, Petróleos de Venezuela, despidiendo de un plumazo a más de 20.000 imprescindibles expertos petroleros solo por ser opositores.

Son gobiernos, en fin, dispuestos a todo en temporada de precios altos (instaurar un mitológico "socialismo del siglo XXI" a golpes de chequera, por ejemplo) y prestos a culpar a los gringos y su proterva conspiración del fracking, en tiempo de vacas flacas, tal como hace Nicolás Maduro, ahora que, inescapablemente, debe afrontar (y en fase depresiva) una cuota anual de deuda externa que se cuenta en miles de millones de dólares. Todo lo malo de un petroestado es peor cuando no avizora un alza del precio del crudo y se exculpa a sí mismo llamándose socialista.

Es descorazonador advertir que los petroestados no críen ciudadanos sino súbditos cazadores de la renta petrolera que se reclutan en todos los estratos sociales: desde los buhoneros revendedores de productos subsidiados y los grandes contrabandistas de extracción de gasolina subsidiada (¡la más barata del planeta!), muchos de ellos militares gobernadores de estados fronterizos con Colombia, pasando por la banca privada más vivaracha del hemisferio, hasta llegar a los enchufados magos del comercio exterior, dedicados al negocio de obtener, dolosamente, dólares baratos para importar con sobreprecio toneladas de alimentos en estado de descomposición.

De esta corruptora sujeción a la dádiva del Rey Petroestado, nace, quizá, la paciente aquiescencia con que los venezolanos más pobres han sobrellevado lustros de escasez y vejamen, sin dejar por ello de votar al chavismo. Pese a la coerción que obliga a militar en el Partido y vestir franela roja a cambio de un magro subsidio directo en efectivo, cada quien se siente agradecido, y hasta privilegiado, por las migajas que le arrojan, aunque la muerte aceche, día y noche, en cada barriada del segundo país más violento del hemisferio.

¿Tendrá algún día fin este dantesco ciclo? Los optimistas ya hablan de una fecha: cuando prospere el consenso mundial contra el cambio climático y se halle una forma de generar energía distinta al petróleo.

Pero, según reza un dicho premoderno: "Mientras crece el pasto, se muere el caballo".

 

 

 

 

domingo, 6 de septiembre de 2015

Excelente articulo de Gustavo Coronel - PDVSA: de Vaca Lechera a Perro Callejero

 

 

 

Gustavo Coronel

domingo, 6 de septiembre de 2015

PDVSA: de Vaca Lechera a Perro Callejero

 

 

Durante nuestros años en PDVSA usamos con frecuencia la matriz del Boston Consulting Group, BCG,  la llamada Matriz de Crecimiento y Participación en el Mercado (Growth and Market Share Matrix) para saber dónde estaba PDVSA en relación a sus competidores.  Esta matriz es sencilla y divide a las empresas en: Estrellas, Vacas Lecheras, Dudosas y Perros Callejeros, nombres que simplemente  describen la capacidad competitiva de las empresas, sin ninguna intención ofensiva.

 

                                                                DIAGRAMA

      %                                           Estrellas                               Dudosas

Crecimiento

Producción

                                             Vacas Lecheras                    Perros Callejeros

                                           ___________________________________________ 

                                                            ß--  Participación en el Mercado

                                             Más                                                         Menos

 PDVSA nunca llegó a ser una Estrella en términos de su participación en el mercado, debido a su relativamente estable nivel de producción,  pero si ocupó brevemente una posición intermedia entre Estrella y Vaca Lechera para convertirse en una consistente Vaca Lechera.  Se comparaba con empresas como BP y Shell,  estaba por debajo de ARAMCO, por encima de PEMEX, PETROBRAS, PERTAMINA, ENI o CFP. Estaba a años luz de ECOPETROL y otras pequeñas empresas latinoamericanas. Por 25 años se mantuvo como una empresa profesional, confiable, con un grado de eficiencia que comenzó a declinar en la década de los 90 , lo cual la llevó a abandonar su modelo de organización de empresa matriz con tres empresas afiliadas integradas verticalmente, a favor de lo que se convirtió, bajo el chavismo, en empresa única, el modelo fatal.

Su progresiva conversión de Vaca Lechera a Perro Callejero se llevó a cabo, esencialmente, durante los años del chavismo.  La eliminación de empresas operadoras afiliadas poco antes de la llegada del difunto imposibilitó  la comparación  entre operadores. Se crearon unidades funcionales, todas las cuales se convirtieron en centros de costos. Aun el Mercadeo se convirtió en centro de pérdidas gigantescas, tanto en el caso del mercado Doméstico como en el Mercado Internacional, debido a las exportaciones subsidiadas o simplemente regaladas, las cuales llegaron a representar unos 300.000 barriles diarios para los países del caribe y del ALBA. Más tarde esto se agravaría, al tener que destinarse petróleo con descuentos ocultos a pagar la deuda de la Nación con China, un dinero que no iba a incrementar la capacidad productora de PDVSA sino que era destinado a mantener al agonizante sátrapa  en él poder, como lo admitió el ex-Ministro Jorge Giordani. 

La conversión de PDVSA en Perro Callejero se aceleró con el nombramiento de Rafael Ramírez en la posición dual de ministro del sector (quien controla)  y presidente de PDVSA (el controlado) , de manera que se pasó a tener una empresa que se controlaba a sí misma, perdiéndose toda posibilidad de corregir desviaciones e ineficiencias y de castigar la creciente corrupción.  Este pecado capital fue acompañado por una decisión de "gran estrategia": la conversión de la empresa en una empresa "social", no ya orientada hacia los negocios medulares típicos de una empresa de energía, sino a actividades que poco o nada tenían que ver con ellos. PDVSA se convirtió en una empresa que hacía casas (mal hechas), que importaba comida (frecuentemente podrida y con sobre facturación), que distribuía alimentos (a través de una empresa corrupta llamada PDVAL), que destinó inmensas sumas de dinero sin transparencia alguna a las llamadas Misiones, lo cual se convirtió en una hemorragia financiera sin límites ni rendición de cuentas. PDVSA se convirtió en compradora de aviones para satisfacer los absurdos requerimientos de la burocracia oficial, llegando a tener más de 30 aeronaves a su nombre, en las cuales se transportaban ex-presidentes parásitos a lo Zelaya; amiguitos como Sean Penn y Danny Glover; amiguitas como Naomi Campbell ; los hijitos, sobrinitos y cuñaditos de la familia Chávez o gerentes de la empresa y sus familias en viajes de placer, como Alejandro Granado, el ex-presidente de CITGO. El mismo Chávez se aficionó a estas aeronaves, hasta que descubrió los aviones de Cubana de Aviación y hasta les regaló un inmenso avión a los Castro, además de helicópteros a Morales, todos pagados con dinero de PDVSA. 

Esta radical transformación de PDVSA de empresa petrolera en caja no tan chica del chavismo la hizo perder los recursos que debían ser invertidos para aumentar la producción y mantener los equipos existentes. Bajó la producción en unos 700.000 barriles diarios y comenzaron los derrames petroleros, las explosiones en las refinerías, las paradas no programadas. El óxido moral de su gerencia se convirtió en óxido físico en refinerías, tanqueros y oleoductos.

Hoy en día PDVSA es un Perro Callejero en la terminología de la gerencia estratégica y está lista para su desaparición como empresa. Es demasiado tarde para salvarla, ya que es una empresa que tiene cinco veces más empleados de los que necesita, que tiene deudas que probablemente superan el valor de sus activos, que presenta vicios de contabilidad que involucran miles de millones de dólares (caso de la empresa minera vendida al Banco Central), que usa el Fondo de Pensiones de sus empleados para especular en compra y venta de bonos y que ha celebrado de manera ilícita (sin licitación, con necesidad de ser investigados) grandes contratos con amigos de la gerencia, como se ha documentado abundantemente en este blog. Su cultura corporativa está podrida, al asociarse con una ideología política obsoleta y fracasada y al haber prostituido su misión y sus valores.

Los niños juegan con juguetes y hay algunos quienes los destruyen. Regímenes como el chavismo juegan con las instituciones y las empresas del estado y las destruyen, las convierten en Perros Callejeros.

 

A los niños se les reprende. A los cabecillas de los regímenes destructores se les castiga con la cárcel