viernes, 10 de junio de 2016

UTOPO

 

 

 

 

UTOPO

 

         Nos enteramos que cumplía 500 años de haberse publicado, un conocido escrito de Tomás Moro y eso hizo buena la ocasión para repasarlo.

 

         Thomas More fue hombre de confianza del tremendo Enrique VIII de Inglaterra quién, entre otras menudencias y por asuntos de faldas, mandó largo al carajo a la Iglesia de Roma y fundó la suya. Thomas se opuso a la ruptura y, por ello, de Canciller pasó a ser preso y luego, por mantener sus principios, lo ejecutaron.

         El "tumbao" latino lo bautizó como Tomás Moro. En 1935 vino a ser Santo y el travieso San Juan Pablo II lo nombró patrono de los políticos y gobernantes.

 

         Moro, que era buen pensador, inventó un cuento para exponer sus ideas de una sociedad mejor. El cuento recoge el testimonio de un marino que vivió en una nación que había fundado un tal Rey Utopo y que en su honor se llamaba Utopía. Estaba formada por muchas ciudades-estado (lo usual en aquel tiempo) casi idénticas en sus formas y en su manera de actuar. Anualmente de alternaban los que estaban en la ciudad con los que estaban en el campo y producían la comida. No existía dinero, ni propiedades y las cosas se repartían en abundancia. Se elegía a los gobernantes mediante representantes de cada ciudad. Había libertad religiosa y muchas otras cosas que hacían de Utopía un encanto de sitio para vivir.

 

         Con los años, Utopía vino a significar un sistema social idealizado y perfecto donde la gente es feliz. Ese deseo se marca a lo largo de la historia y antes que Moro ya Platón había razonado sobre una sociedad ideal compuesta por gobernantes, defensores y productores, El Renacimiento fue un largo período para la imaginación utópica. El socialismo y el anarquismo plantearon nuevos mundos de felicidad. Las utopías tocaron lo religioso, por ejemplo, el islam y el cristianismo plantean existencias eternas y felices y hasta hace poco proliferaron movimientos que renunciaban a vivir en ciudades y esquemas tradicionales para hacerlo en forma sencilla, natural y feliz.

 

         En nuestro acontecer venezolano el grupo que gobierna se imagina profeta en la búsqueda del paraíso de "la máxima felicidad para todos" y llevan casi 18 años construyéndolo. Pero algo anda mal porque los resultados, que al final son los que cuentan, no parecen corresponder a algo bueno. En realidad son tan malos que ya casi el 90% de la población quiere bajarse de ese autobús y buscar otro que tenga, al menos, un buen chofer y comida.

 

         Las utopías son bonitas pero muy difíciles de lograr. Durante décadas los actuales gobernantes criticaron a los adecos y copeyanos por sus, según ellos, malos gobiernos. Quiso sonar la flauta y les llegó la oportunidad de reemplazarlos. Por inexperiencia y poco talento se enredaron tanto que ahora no pueden ni desatarse y para justificar el desastre inventan culpables externos.

 

         Pero todos sabemos que, aunque fuese verdad lo de los enemigos, la culpa y responsabilidad de lo malo es exclusiva del que gobierna. Si no lo creen pregúntenle a su Santo Patrono Tomás.

 

 

 

                                                                 Eugenio Montoro

                                                               montoroe@yahoo.es

          

         

 

 

__._,_.___

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario